Historias del Baño

Yo ya tengo mi ducha nueva, ¡ea!

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Los jóvenes se piensan que cuando una se hace vieja y empieza a chochear, ya no se entera de nada. Yo les dejo que lo piensen, me hago la tonta y voy consiguiendo todo lo que quiero.

Primero les comuniqué que había llegado la hora de cambiar la bañera por un plato de ducha. Que si eso es muy caro -que nooo, que hasta lo financian-, que si eso es una tontería -¿os cuento la de ancianos que se rompen la cadera por una caída en el baño?-, que si se lía una buena con las obras -¡pero si ya lo hacen en menos de un día y sin obras!-, etc.

Tras su negativa, ha bastado con andar por toda la casa con los hombros hundidos, emitiendo ruidosos suspiros y arrastrando las pantuflas durante una semana, para que entraran por el aro. Ya tengo mi ducha nueva: con un plato de ducha antideslizante, con asideros para sujetarme bien fuerte y una silla dentro de la ducha. ¡A ver quién es el guapo que me saca ahora!