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«Ser minusválido no significa haber perdido aptitudes, sino tener otras diferentes». Así comienza el artículo escrito por Juan Medina Gómez, Javier Fernández-Río y Raúl Prieto: Doctores en Educación Física de la Universidad de Salamanca, de la Universidad de Oviedo, y Entrenador Nacional de Natación, respectivamente.

En este interesante estudio sobre los efectos de la natación en personas con movilidad reducida, los profesionales exponen la necesidad -y el derecho- al movimiento como forma de percibir el mundo, así como el cambio de perspectiva que sobreviene al ver limitada esa movilidad. En ese sentido, la inmersión, el momento del baño, supone una excelente motivación para personas con movilidad reducida.

La natación mejora las capacidades de movimiento del minusválido más allá de la satisfacción del baño. Incrementa y mejora su resistencia física y, como todo deporte, mejora su estabilidad psicológica y su autoestima.