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El baño posee, en las distintas mitologías, un efecto purificador; también significa un placentero retorno a la placenta original.

San Jerónimo rechazaba los baños con agua caliente, porque ellos excitan los sentidos y, en consecuencia, hacen peligrar la castidad.

El experimentado San Agustín, tolerante, permitía hasta un baño de agua templada por mes. En su época se aceptaba que el agua helada era apropiada para mortificar la carne y aplacar los deseos.

Durante el medioevo, los baños termales tenían fama de ser lugares de desenfreno y, por lo tanto, fueron prohibidos, como así también el acceso a todos los ambientes preparados para inmersiones compartidas.

El refranero judeoespañol es terminante en este tema.

«Poco baño, poco daño»:
«De cincuenta para arriba, no te mojes la barriga».
«Los baños son salud, sólo en la juventud»,
«los que van a los baños viven pocos años»…

El valeroso cacique Copahue se enamoró de una mujer calcú (bruja) conocida como Pirepillán (que significa «nieve del diablo» ). Ella auspició que al jefe mapuche le esperaba un glorioso porvenir si se decidía a entrar en combate. Animado por tan positivo presagio, Copahue venció a sus enemigos; luego decidió tomar como esposa a la maga, a pesar de la oposición de sus asesores.

La gloria le duró muy poco tiempo, porque de inmediato tribus rivales lo atacaron por sorpresa y murió en el campo de batalla.

Pirepillán fue acusada de traición y condenada a morir lanceada. Cuando la estaban por inmolar, en medio de gritos de inocencia, pidió al cacique armado que regresara de la inmaterialidad y la liberara del martirio.

Copahue respondió de inmediato a su condición de héroe, pero no llegó a tiempo para evitar el acto criminal; sólo alcanzó a materializarse en forma de agua hirviente y con su calor diezmó a los ejecutores.

Así lo cuentan Antonio Ñanculef y Mariano Nahuelpán, asegurando que, desde entonces, las aguas termales del volcán Copahue siguen vengando la despiadada muerte que los ignorantes le hicieron padecer a la «Nieve del Diablo».,

El volcán Copahue (nombre que significa «lugar del azufre» ), situado a unos tres mil metros de altura, ubicado en la línea internacional argentino-chilena de la provincia del Neuquén, ofrece actualmente un centro turístico con aguas termales, cuyos famosos baños son de reconocido beneficio.

Termos significa «cálido», así eran conocidos los baños públicos romanos, imprescindibles en la vida cotidiana, porque, además, eran lugar de reunión de los antiguos ciudadanos. En la época imperial eran magníficos monumentos de riquezas incomparables. Las ruinas de las termas de Tito y de Caracalla todavía son testimonio de la importancia que les concedían los romanos a estos centros de higiene, esparcimiento y salud.

La actual reconstrucción de los baños de Pompeya muestra con elocuencia la valoración crítica que se otorgaba a las inmersiones en sus piletas decoradas con escenas estimulantes.

En los ríos sagrados de la India, los baños diarios constituyen una ofrenda sagrada de purificación corporal y espiritual.

En síntesis, el tema de los baños tiene una larga tradición en todas las culturas. En los píses nórdicos, la gente disfruta, animosa, de baños en agua helada.
Los gatos no son adictos a los baños como sí lo son los gorriones.

Las abuelas de antes recomendaban con total seguridad:
«Date un baño, y se te pasa».

Como cierre se me ocurre preguntar:

«Baño de qué fluido y temperatura, altura y ambientación, costo y moneda de pago, filiación real o mítica, necesitaremos los argentinos en su conjunto para salir de tanta somnolencia e ingenuidad crónica????????