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Las diferencias entre estas dos formas de asearse son sutiles, pero tienen características diferenciadores según la persona y lo que se busque en él.

Por ejemplo, el baño asegura una limpieza más completa que la ducha, gracias al ablandamiento que permite de los estratos superficiales de la capa más externa de la epidermis, facilitando de esta forma el alejamiento de todas las impurezas de la superficie del cuerpo después del enjabonado.

En tanto, la ducha, aunque la impregnación en agua a que da lugar es menor que en el baño, añade el efecto de arrastre mecánico, debido a la fuerza de las gotas.

Asimismo, la renovación del agua que se produce en la ducha alrededor del cuerpo, contribuye igualmente a la eliminación de la suciedad.

EFECTOS EN EL SISTEMA NERVIOSO
Pero no todo es limpieza, pues los efectos en el sistema nervioso son también diferentes. El baño tiene más bien un efecto sedativo y la ducha un efecto estimulante. La elección de la hora de estas dos operaciones el baño por la noche y la ducha por la mañana o tras un estado de fatiga puede inspirarse dentro de estos dos principios generales.

No obstante, se debe tener en cuenta que existen grandes diferencias individuales, y así, más personas determinadas pueden despejarse con el baño y dormir mal ha causa de haberlo tomado por la noche, mientras que otras experimentarán una sensación de relajamiento después de la ducha. Así pues, deben tenerse muy presente estas cosas personales al elegir las circunstancias y horarios para ducharse o bañarse.

TEMPERATURA DEL AGUA
Lo indicado anteriormente sobre las distintas reacciones ante el baño o la ducha también es aplicable a la temperatura del agua.

Por lo general, la temperatura del agua del baño y de la ducha corresponde a la del cuerpo: unos 37º C.

Sin embargo, una temperatura inferior a ésta tiende a estimular y que una más elevada, tiene efectos sedantes.

Pero esto no es una norma universal, ya que hay personas que reaccionan frente a la temperatura del agua justamente al contrario que la mayoría.

Hay quienes encuentran adecuado completar una ducha o baños tibios, con una ducha fría, que tiene para ellos efectos estimulantes. Este procedimiento es muy apreciado por algunos, pero resulta insoportable para otros.

En este tipo de elecciones, la importancia del factor psicológico es esencial, minimizando todas las consecuencias de orden fisiológico que puedan producir.

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