Historias del Baño

Ayuda para entrar en la ducha… con lo que yo he sido

manoabuela

A los ancianos no se les permite ser orgullosos. Un anciano debe ser dulce, manso, resignado. Debe inspirar un poquillo de lástima para ser un abuelete entrañable… Yo he sacado adelante a cinco hijos, en una época en la que no nos comíamos los piojos que nos sacábamos a montones de las sucias cabezas, porque aún no estábamos tan desesperados.

Y ahora me he de ver sentada todo el día en una mecedora, con las piernas tapaditas por el mantel de la mesa camilla, para que no se enfríen, y tirando del puñetero bastón a cada paso que doy. Por eso, cambiar la bañera por una ducha ha sido en mi caso algo más que una decisión práctica. Por supuesto que me facilita la vida, que ya no me resbalo en mi nuevo plato de ducha antideslizante.

Pero lo más importante para mí ha sido recuperar la capacidad de poder ducharme yo sola, sin ayuda. Ya no tengo que pedir a mi hijo que me ayude a entrar en la bañera, me ducho sentadita y tengo mis barras para agarrarme y no resbalar cuando estoy mojada. Puede que sea una vieja orgullosa, pero hay cosas que debe hacer uno mismo. Estoy encantada.