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«Il Corriere della Sera» habla de Patricia Urquiola como «la diseñadora del momento»; «Financial Times» no duda en calificarla de «influyente arquitecta y diseñadora»; es portada o noticia en casi todas las revistas de moda y de diseño, ha recibido numerosos premios por su trabajo «fresco e innovador», entre ellos el de «Mejor Diseñadora del Año» de la revista «AD» en 2008, y el reciente Salón Internacional del Mueble de Milán ha vuelto a coronar a Patricia Urquiola (Oviedo, 1962) como una de las asturianas más universales del momento. ¿Cuál es su secreto? Los críticos citan su capacidad para lograr «la combinación perfecta entre forma y función».

Ella, lo dice siempre, es muy observadora y se inspira en la vida cotidiana: «Mis recuerdos, las experiencias personales juegan un papel muy importante. Me inspiro en los objetos de aspecto normal y también en la técnica artesanal, que conozco desde mi niñez o en las cosas que me han acompañado a lo largo de los años. Con todas estas impresiones, los objetos nacen en la mente, sobre todo cuando observo una silla o un sofá. Lo importante es sentirse cómodo con el diseño», afirma.

Industria y artesanía parecen ser el eje creativo de esta diseñadora que nunca renuncia a la belleza. El objeto ha de funcionar «pero también debe aportar placer el verlo o el acariciarlo», asegura.

En el Salón de Milán del pasado mes de abril, Patricia Urquiola, además de mostrar una serie de instalaciones, presentó nuevas colecciones para Moroso, una mesa para B&B Italia, un nuevo sistema de almacenaje para Molteni, una nueva iluminación para Flos, una butaca relax para Panasonic, una silla para De Padova y una colección de baño para Axor. «El baño Urquiola», dice la crítica, «transmite desde el primer momento sensación de intimidad». «Su estilo es poético y vital, sus creaciones son vivas y sensuales», añade.

Ella explica el origen: «Los objetos son un recuerdo de las últimas vacaciones, el espejo otro recuerdo de la tía abuela. Las personas deben meterse en ambiente y sentirse en casa», asegura.

A Urquiola no parece que se le resista nada. Apasionada de los zapatos, se ha atrevido con el diseño de interior de un espacio milanés dedicado a la zapatería, «Quadrilatero», un trabajo realizado en colaboración con Gianvito Rossi, quien heredó de su padre Sergio el talento y el deseo de una nueva aventura diseñando calzado con marca propia. «Il Corriere» asegura que ambos han logrado una «unión de refinamiento, glamour y estilo contemporáneo».

Hispanomilanesa o «doblemente mediterránea» como ha escrito «Le Monde», Patricia Urquiola, de madre asturiana y padre vasco, estudió Arquitectura en Madrid y el amor la llevó a Milán. Fue cabeza visible del departamento de diseño de muebles de la compañía De Padova and Lissoni y fue discípula de su admirado Achille Castiglioni, que se convirtió en su mentor. En 2001 abrió su propio estudio en Milán, ciudad en la que vive junto a su pareja, Alberto Zontone, e hijas, Giulia, de 14 años, y Sofía, de 3. Viaja tres veces al año a España, sobre todo para ver a su familia aunque, por trabajo, lo hace con más frecuencia, y asegura que uno de los recuerdos más vívidos de su infancia es «el ruidoso romper de las olas».

Es un ciclón de energía creativa, a la que no se le resisten ni espacios ni objetos. ¿A dónde va el diseño?, le pregunta «Il Corriere». «Está empezando a cambiar. Está enviando un mensaje social, se ven los primeros resultados porque se ha iniciado un diálogo entre nosotros y las empresas. Lo ecológico empieza a ser una preocupación verdadera».

Vive en una típica casa milanesa de principios del siglo XX que ha amueblado con sus propios diseños, prototipos y cosas de segunda mano que ha ido encontrando en mercados o comprado en viajes al extranjero. «No considero mi casa un muestrario de mi trabajo, pero sí un espacio íntimo con objetos de un valor puramente personal. Vivo con mis prototipos sobre todo para probarlos, pero también por los sentimientos que me unen a ellos; me recuerdan el proceso que vivieron hasta convertirse en productos terminados». Sueña con una casa que diseñará para sí misma, con el estudio en la planta inferior y la zona de vivienda arriba, el concepto de «casa-bottega», un hogar y una casa juntos.

A Patricia Urquiola le gusta el color y lo utiliza, tal vez un rasgo de su españolidad. «Mi punto de vista hispanomilanesa hace que tenga menos prejuicios, no siento tanto el peso de los italianos».