Historias del Baño

A mis años, al baño voy yo solo

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Faltaría más. Con 82 años, puede que mis piernas ya no me respondan como antes, pero la dignidad la sigo teniendo intacta. No se me malinterprete; la familia sólo pretende ayudar, porque me quieren. Pero precisamente por eso, la mejor solución es la que he propuesto yo mismo: cambiar la bañera por un plato de ducha.

A fin de cuentas, en casa ya no hay niños chicos que tengan que bañarse, y ahora además todo el mundo sabe que es una locura desperdiciar tanta agua. Así que llamamos a una empresa que en un día se llevó la bañera y nos instaló un plato de ducha encastrado en el suelo (ya me he tropezado al entrar más de una vez).

El plato de ducha, además, es antideslizante, está hecho en un material que no resbala nada. Y tengo unas barras para agarrarme al entrar y salir, así que no necesito que nadie esté viendo cómo la vejez hace estragos en los cuerpos. Eso que ganamos todos. Porque, entre nosotros: ellos están encantados con su nuevo cuarto de baño.