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Pulcros, pero sin pasarse. El doctor Javier Subiza, especialista en Alergología e Inmunología, está de acuerdo en que la hipótesis de la higiene es una de las que más se barajan para explicar el aumento del número de alérgicos en los países industrializados: «Los estudios demuestran que en las poblaciones donde las infecciones infantiles son mayores, tanto por falta de higiene como de eficientes campañas de vacunación, las posibilidades de alergias adultas disminuyen».

Por tanto, meter a nuestros hijos en una burbuja totalmente higienizada es comprar muchas papeletas para que de adulto sea alérgico: «Pensemos en el sistema inmunitario de nuestros abuelos. Estaba continuamente trabajando, combatiendo virus y bacterias porque vivían en un mundo no estéril, donde la comida estaba repleta de gérmenes, apenas había medicamentos… En cambio, el sistema de nuestros hijos se ha vuelto perezoso y produce reacciones alérgicas ante el mínimo agente infeccioso», señala Subiza. Las cifras lo demuestran: en ı950 el 0,4% de los españoles era alérgico al polen. Hoy el porcentaje supera el 20%.

Evidentemente, no se trata de volver a las épocas en las que la mortalidad infantil a causa de infecciones era alarmante. La alergia es, por ahora, un mal necesario que la ciencia trata de controlar investigando cómo engañar al sistema inmunológico para que permanezca activo a pesar de vivir en condiciones ambientales limpias. «Mientras los estudios dan resultados, una recomendación para disminuir el riesgo es que el recién nacido conviva con un animal, siempre que no haya un alérgico en casa. Así aumenta el nivel de endotoxinas del hogar y sus defensas se mantienen alerta», asegura Subiza.

En definitiva, que un poco de guarrería puede ser incluso bueno para la salud y actitudes tan extremistas como la de la actriz Jennifer Lopez, que obliga a sus invitados a usar una mascarilla quirúrgica si quieren estar en la misma habitación que sus hijos, no te hacen más limpio, sino más idiota.