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Asociada simbólicamente con las emociones, los sentimientos y el subconsciente, el agua es el elemento del que surgió la vida y un bien del que no podemos prescindir. Es sabido que se puede estar sin tomar alimentos hasta un mes o más, pero no podríamos privarnos de agua más que unos dias. El agua calma nuestra sed, refresca, purifica y en forma de lluvia limpia la atmósfera y riega los campos para que las semillas germinen y las plantas se desarrollen.
Una buena hidratación. El agua tomada como bebida pasa rápidamente al intestino delgado y de éste a la sangre aportando a las células y al líquido intersticial que las separa entre sí el agua que necesitan para cumplir sus funciones. Las células la utilizan tanto para nutrirse (transporte de vitaminas, minerales y oligoelementos) como para eliminar los desechos orgánicos a través de la orina y del sudor. Esto hace que en verano, cuando la pérdida de líquidos es abundante debido a la transpiración, necesitemos un aporte mayor de líquidos a través de una alimentación más refrescante (rica en frutas y hortalizas) y de la ingesta de agua. En cuanto a la cantidad aconsejable, se estima que un adulto necesita ingerir unos dos litros al día, sea indirectamente a través de los alimentos o directamente en forma de bebidas. Para ello se aconseja que el agua esté a temperatura ambiente o, si el calor aprieta, mezclada moderadamente con agua fría. En cuanto a las aguas más aconsejables, son las de mineralización mut débil. El agua perfecta sería la de alta montaña, exenta de cualquier contaminación, filtrada por la naturaleza y tal como brota del manantial.
Nadar en espacios abiertos. Nadar en el mar o en un río es una de las sensaciones más placenteras y recomendables que pueden experimentarse en verano. El simple hecho de meterse en el agua fría favorece la salud vascular, tonifica el sistema nervioso y masajea la musculatura y las articulaciones. Pero además, en el mar, cuya agua guarda una gran similitud con el plasma sanguíneo, la piel absorbe por sus poros su gran riqueza en minerales y oligoelementos. Pensemos que todos los elementos conocidos pueden hallarse en el agua del mar, desde los nutritivos calcio y magnesio a otros más insólitos como el oro o la plata. La sal marina sin refinar equivale así a una quinta esencia de la materia. Además, mientras flotamos sin oponer resistencia nos relajamos, dejando volar los pensamientos y vivimos un tiempo presente de total placidez, quién sabe si rememorando nuestro pasado intrauterino.